EL CONMONITORIO
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El Commonitorium no es un simple promemoria para uso personal ni una colección de textos patrísticos, sino una especie de «discurso del método» que permite discernir la fe católica en medio de las nuevas herejías. El creyente tiene a su disposición dos criterios: la Escritura y la tradición de la Iglesia, criterios de desigual eficacia. La primera es susceptible de deformación por obra de las interpretaciones de los herejes, y debe ser por ello leída a la luz de la tradición, según el conocido axioma: in ipsa item catholica ecclesia magnopere curandum est, ut id teneamus quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est. Hoc est etenim vere proprieque catholicum (c.2).
Los tres criterios garantes de la ortodoxia son, pues, la universalidad, la antigüedad y el consentimiento unánime (c.3). Para Vicente, el más importante de los tres es la antigüedad. Para confirmar su regla, el autor menciona el donatismo, como opuesto a la universitas; el arrianismo, a la antiquitas, y el bautismo de los herejes, a la consensio. El Commonitorium contrapone a estas desviaciones heréticas las enseñanzas de San Pablo y sus exhortaciones a «conservar el depósito de la fe» (c.7-9). Examina luego las innovaciones introducidas por Nestorio, Fotino y Apolinar, contra las que recuerda la doctrina católica sobre la Trinidad y la persona de Cristo (c.11-16). La inerrancia no es necesariamente propia de las enseñanzas de los genios más ilustres, como Orígenes y Tertuliano, sino de los decretos de un concilio universal y de la fe común de la Iglesia (c.17-19). Para guardar fielmente el depósito, según la expresión de San Pablo, es preciso evitar «las innovaciones doctrinales». Las innovaciones en la terminología no debe jamás comportar una innovación doctrinal: cum dicas nove, non dicas novum (c.22).
El criterio de la tradición no conduce al inmovilismo si se acompaña de un segundo criterio esencial y complementario, el progreso dogmático, que se actúa en conformidad con la ley del crecimiento orgánico. «Este progreso constituye verdaderamente para la fe un progreso y no una alteración, pues lo peculiar del progreso es que una cosa crezca permaneciendo la que es, y lo propio de la alteración es que una cosa se mude en otra. Se acreciente, pues, y progrese sin medida la inteligencia, la ciencia y la sabiduría, tanto de los individuos como de la colectividad, tanto de un hombre solo como de la Iglesia toda, según las edades y los siglos; más a condición de que se opere según su naturaleza peculiar, es decir, que se mantenga el mismo dogma, el mismo significado y el mismo pensamiento» (c. 23), según la célebre fórmula adoptada por el concilio Vaticano I.
Este progreso comporta una triple tarea: perfeccionar y perfilar lo que de la antigüedad recibió su primera forma y esbozo, consolidar y reafirmar lo que ya ha adquirido su perfil y evidencia, mantener lo que ya ha sido confirmado y definido (c.23). De ahí que exista, igualmente, un triple progreso: progreso en la formulación, labor que la Iglesia realiza, provocada por los herejes, en los decretos de sus concilios, esclareciendo el sentido con términos nuevos y apropiados que lega a la posteridad; progreso de vida orgánica, que se adentra más allá de la expresión y es comparable al crecimiento de la vida humana, que de la infancia a la vejez es el desarrollo de una sola y misma persona; un progreso análogo se cumple, asimismo, en las verdades dogmáticas; progreso en la adquisición definitiva, sin cambio ni mutilación, de la verdad.
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Descripción
INDICE
I. Prefacio
II. La Sagrada Escritura debe interpretarse según la tradición de la Iglesia Católica. Canon de la Tradición.
III. Explánase brevemente el criterio formulado
IV. Confírmase lo dicho con los ejemplos de la época de los Donatistas y de los Arrianos.
V. Testimonio de San Ambrosio a favor de la perseverancia en la antigua fe. Elogio de los confesores de la misma fe durante las controversias arrianas.
VI. Insigne ejemplo del Papa Esteban en la cuestión de los rebatizantes.
VII. Cómo abusan los herejes de los escritos de los antepasados. Invectivas de San Pablo contra los innovadores y seductores.
VIII. Coméntase el pasaje Gal I, 8-9.
IX. Nunca es lícito anunciar algo fuera de lo ya recibido.
X. Cómo a veces permite la Divina Providencia que la herejía brote del seno mismo de la Iglesia.
XI. Confírmase lo dicho con el ejemplo de Nestorio, Fotino y Apolinar.
XII. Expónense las herejías de Fotino, Apolinar y Nestorio.
XIII. Exposición distinta y detallada de la doctrina católica acerca de la Trinidad y de la persona de Cristo.
XIV. El Verbo tomó nuestra humanidad, no ficticiamente, sino real y verdaderamente.
XV. Unidad de persona en Cristo, ya desde su concepción en el vientre de María.
XVI. Recapitulación de las herejías y de la doctrina católica, anteriormente expuestas.
XVII. Los errores de Orígenes, otro ejemplo de escándalo en la Iglesia.
XVIII. Ejemplo de Tertuliano.
XIX. Breve conclusión
XX. Quién es verdaderamente y genuinamente católico
XXI. San Pablo condena las innovaciones doctrinales.
XXII. Prosigue el comentario de I. Tim., 6, 20-21.
XXIII. Qué clase de progreso cabe en la fe.
XXIV. Nueva explicación y comentario de I Tim., 6, 20.
XXV. Cómo abusan los herejes de la Sagrada Escritura.
XXVI. Satanás es quien en este negocio dio ejemplo a los herejes.
XXVII. Repítese el criterio puesto al principio, para discernir la verdadera doctrina, de la enseñanza de los herejes.
XXVIII. Cómo deben utilizarse y apreciarse los testimonios de los Santos Padres.
XXIX. Breve resumen del primer Conmonitorio. Repetición del ejemplo aducido sobre el Concilio Efesino.
XXX. Padres citados en Éfeso.
XXXI. Breve recuerdo y elogio del proceder del Concilio de Éfeso.
XXXII. Testimonios de los Papas Sixto III y Celestino I.
XXXIII. Conclusión.
Información adicional
| Peso | 0,18 kg |
|---|---|
| Dimensiones | 20 × 14 × 1 cm |
| Autor | |
| Editorial | |
| ISBN | 8477701873 |
| Páginas | 120 |
| Formato | Rustica sin solapas |






