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Páginas selectas #7

Mis queridos hijos: como los amo más que a nadie, quiero darles las mejores cosas en la vida. Pero no puedo darles la mejor de todas las cosas, pues ella no es una cosa en absoluto, y no es algo que ninguno de nosotros pueda darle a otro. Cada uno de nosotros debe obtenerla por sí mismo. Yo no la obtuve de mis padres, aunque ellos me ayudaron enormemente, y ustedes no pueden obtenerla de mí, aunque puedo intentar ayudar(los); este libro es parte de ese intento.

¿Cuál es la mejor cosa en la vida? ¿El mayor de los bienes?

Todo en la vida es bueno para algo. Pero quizá algo sea bueno para todo. La mejor de todas las cosas lo es. Todos saben que hay algo bueno en todo, pero no todos saben que todo lo bueno está en algo. Una palabra para ese algo es “Dios”, Dios es la bondad total, infinita. Si eso no es cierto, Dios no es Dios y entonces mejor seamos ateos.

¿Pero cómo obtienes esta “mejor cosa en la vida”?  ¿Cómo “obtienes” a Dios? ¿Qué puede significar “tenerlo”?  

Por supuesto que no podemos “tenerlo” o “poseerlo”. No podemos siquiera poseer a otros seres humanos, aunque -tontos de nosotros- nos la pasemos intentándolo. Pero podemos conocer a Dios y no solamente saber acerca de Él. Podemos ser sus Amigos. ¡Podemos incluso casarnos espiritualmente con El! Podemos hacer de Él en nuestras vidas lo que en verdad es: el número uno.

Es muy simple: Él está en verdad ahí y nosotros en verdad nos encontramos con El cuando rezamos, ya sea que lo sintamos o no, y El en verdad nos hace cosas cuando rezamos, ya sea que lo sintamos o no. Y esa relación se llama “religión” (la palabra “religión” significa, literalmente, “relación”) y esa es la mejor cosa que podemos hacer en esta vida, porque es lo que vamos a estar haciendo por siempre, y es la única cosa que existe que nos dará gozo sin aburrimiento por siempre.

Todos en el mundo saben eso. Todos podemos sentir, en lo profundo, algo como eso. Los cristianos sabemos aún más: que como no pudimos compensárselo, Él descendió hacia nosotros y se hizo uno de nosotros. Él bajó por su “escalera de Jacob” desde el Cielo, y esa escalera no es una cosa sino una persona, con un rostro y un nombre y un lugar. Y podemos encontrar esa persona, ese rostro, ese nombre y ese lugar muy fácilmente: sólo miren un crucifijo. Es la hoja de ruta más importante del mundo.

Peter Kreeft. ANTES QUE ME VAYA Carta 3: La mejor cosa en la vida [carta completa] (pág. 8-9)

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